dimecres, 23 / gener / 2013 12:01
Me gustaría que este dolor fuera una camisa, o un pañuelo al cuello, y poder desprenderme de él como si fuera un complemento más -ajeno a mi-.
No sentirlo apretando, como sabe hacerlo - con nudo fuerte -, mis entrañas; ahogando mi alma por el peso de tanto amor, como una losa ahora.
Desearía volver atrás en el tiempo y que la coraza fuera - aún -, más sólida.
Construyendo un muro fuerte, inquebrantable, donde solo las caricias, los besos, los sueños dulces encontraran rendijas por las que colarse. Y mirar por encima de él, calculando la altura, la caída, analizando en perspectiva el otro lado, sabiendo prepararme -de antemano, sin sorpresas- para la dura batalla.
Ser capaz de no actuar, de no pensar, de situarme en un stand by, -momentáneo, necesario- disfrutando.
(Sin más -solo eso-)
Pero ahora, -justo ahora- es demasiado tarde...
(Vaya este Réquiem, el mejor, por ese trozo de alma que vuela sin rumbo pero que encontrará, como siempre, el camino de vuelta a casa)
Nunca es demasiado tarde, creo...
ResponEliminaUn beso.
Tienes razón: nunca es demasiado tarde.
ResponEliminaNO lo es. Es cierto, ahora no es demasiado tarde.
Uno no, miles.