dilluns, 12 de desembre de 2011

Lenta agonía

Son las doce horas, un minuto y quince segundos: llevo un minuto y quince segundos sin pensar en él. Sin duda mi obsesión ya no es tal. Mengua por momentos. Recuerdo haber mirado el reloj a las doce; desde ese momento su imagen no ha vuelto a invadir mi mente, mi piel, mis manos, mis pechos, mi sexo entero. Esto va bien. Sé que con un poco de práctica diaria lograré olvidarle. Solo han pasado dos años, necesito más tiempo, un poco más.



Son las doce y cinco minutos, me estoy desobsesionando, apenas he pensado en él los últimos tres minutos.



Son las…