dijous, 6 de setembre de 2012

Tenemos que hablar (o el reparto de panes y peces)


No lo sé. No lo sé, Juan. No sé por qué ahora, por qué hoy y no ayer, o el mes pasado o el año pasado. No lo sé. Nada ha cambiado, es cierto. Nada me prometiste aquel día y nada me has dado desde entonces. Y, bueno, quizás tampoco nada me has quitado. En paz. O eso creo... O eso he querido creer estos años.

Esther, sigue haciendo tu vida. Sigue saliendo con tus amigos, diviértete, me has dicho siempre siempre, sal y diviértete. 

Cómo si fuera tan fácil (sí lo es, para ti, sí).Cómo si hubiera un solo instante en que mi pensamiento pudiera prescindir de ti, el muy tirano! No. Y tú, claro, eso lo has sabido siempre, y te has aprovechado. Eres joven aún, Esther...-me repetías una y otra vez para sentirte menos responsable.

No puedo odiarte, ni aun deseándolo con todas mis fuerzas no he conseguido odiarte. Ni tan siquiera cuando, como ahora, me doy cuenta de cuánto y cómo he desperdiciado todos estos años junto a ti. Jajajaa... No, no me digas que me tranquilice. Hoy, no. Deja de fijarte en si nos miran, si alguien te conoce. Podrás estar más tranquilo, ahora. No habrá más noches necesitadas de mentiras, ni más escapadas contrarreloj; este café, lo que hay en este mesa, es todo cuanto poseemos en común: Quédate tú la taza, yo me quedo la carta de tés, llévate tú esta flor de plástico barato que pretende decorar; yo me conformo con el servilletero triste y deforme medio vacío... 

Tres años, tres años y esto -que ni siquiera nos pertenece en realidad- es todo cuanto podemos repartirnos. Nada, nada tenemos en común, nunca nada has querido compartir de verdad. Qué pobre final, qué mísero final...jajajaja claro, mísero final para una relación igualmente mísera, no no, miserable.

No, no subo la voz, pero no me cojas así del brazo. Me haces daño. Tienes miedo? No. Nunca lo haría. Si esta relación me ha matado a besos lentos también pensar en ella ha contribuido a aumentar mi dolor, ese dolor que yo, queriéndote como una imbécil, le he provocado!

Eres tan egoísta, tan estúpido y egoísta! Pues claro que lo sabe, claro que lo sabe. Sin duda. Pero tú cómo vas a darte cuenta de nada. Estoy segura que desde el primer momento lo supo. Cuando se quiere a alguien, pero de verdad, de verdad como tú jamás has sabido amar, cuando se ama desde el fondo de un corazón como este mío que tú te has encargado de destrozar desprecio tras desprecio, día tras día, me oyes, cuando se quiere de verdad, reconoces perfectamente qué lugar ocupas en la otra persona. Lo sé yo, he sido la segunda, la tercera en alguna noche que nos engañabas a ambas. Lo sé yo, Juan, y lo sabe ella, estoy segura, lo ha sabido siempre y por eso siempre ha callado ante tus absurdas mentiras y excusas. No, no me lo repitas, no hablaré con ella... Aunque sí, me gustaría, me gustaría quitarle la venda que quizás tiene de manera inconsciente, decirle que no sé cómo pero conseguiré, conseguiría ella también, vivir sin las migajas que obtenemos de ti.

No quería llorar, y no voy a hacerlo. Sí, estáte tranquilo, me voy. Me voy. Sé feliz, siempre lo has sido, sigue siéndolo. No sabes cómo he deseado odiarte, cuánto lo he deseado, pero ahora, ni tan siquiera deseo que sufras este desgarro que siento, que me rompe, me anula.

Sí, me voy. Quédate la taza, la flor…


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