diumenge, 5 d’agost de 2012

La primera vez

Aburrida.

O quizás, no, no solo, no sé, no sé si aburrida o asqueada. 

Cansada, triste, vacía, irritada, enfadada, desganada, desesperanzada. Así estoy, así me siento, y así estoy viviendo estos últimos años: De casa al trabajo y de trabajo a casa. Recojo a la niña, ropas, comidas, tele, olor a cocina, a jabón de platos, y amoniaco para el baño. Vestidos de mercadillo, zapatos de saldo, sin tacón, revistas en la peluquería de la esquina donde todas sonríen, salen, entran, fiestas, felicidad... 

Le miro, ahora duerme en el sofá. Mira los deportes, cualquier deporte, la taza del café en una mano y en la otra el mando. Es su mando. Medía vida. La otra lo es el bar, sus amigos, sus risas sin sentido, y su sudor cuando me folla. Le odio, le odio tanto como me da pena. 

Paula dibuja aislada del mundo, de este mundo que no le gusta, esta casa donde todo es rancio, donde no hay príncipes y princesas, donde el rosa no brilla, y donde no se baila al compás de ninguna canción.

Me duele la cabeza. Ayer tuve un día duro en la oficina. El jefe está insoportable. Y yo solo sé bajar la cabeza y darle la razón. Necesito, necesito, necesito el príncipe de Paula, el que ahora dibuja, que me mime, me mire, me sonría, me desee. Miro a Luis, sigue durmiendo, las Olimpiadas copan la tele estos días. Da igual en què deporte: waterpolo, badminton, ping-pong, natación, básquet... El no practica ninguna, pero habla de todos. Se compra el Marca, el As, y mira Teledeporte. Pero fuma, y bebe, y toma café, y coge el coche hasta para ir a por tabaco. Tiene una barriga espantosa, y cualquier noche su corazón se parará.

Enciendo el portátil. Me voy al estudio con él. Me pongo un té frío, música, y me dispongo a escribir. Me alejo de esta casa que es mi ruina, y seguirá siéndolo mientras mi sueldo sea la miseria que es, y todo los gastos corran de su cuenta. Estibador en el puerto. No nota la crisis, y urga y urga sus dientes con el palillo mientras dice que este país lo que necesita es mano dura, y que echen a todos los sudacas. Y los putos negros que no han conocido madre. Yo miro a Paula mientras él habla, y grita, al ver las noticias. Paula canta, en su mundo, ha aprendido mejor que yo a refugiarse del presente incómodo y a construir su espacio. 

Sin querer, sin querer de manera consciente, entro en un chat. Seguramente es el que me dijo Encarana: chateagratis. Nunca podría pagar por entrar en un chat. Las cuentas las lleva él. Sé que mi historia no es nada original. Lo sé. Hasta yo me aburro de reconocerme en tantas canciones, tantas películas, tantas novelas de mujeres que se enamoraron del lider, del más guapo, del más fuerte. 

Me doy asco.

Por qué no? Me pongo un nombre que atraiga, y que sea real, me enseñaron a no mentir: NovataInfiel. Soy Novata en este mundo virtual, de chats, de hombres, de deseos, de miedos, de ilusiones. Y soy infiel porque lo neceisto, porque durante noches he soñado, cuando él me gritaba: puta, puta, muévete puta, con su aliento rancio en mi cuello, en mi boca, en mis tetas, soñaba con Enrique, mi compañero de trabajo. Soy infiel porque solo he estado con él y deseo sentir un cuerpo sobre el mío, unas caricias, unos dedos, unos labios suaves, deseo saber qué es un orgasmo, unas palabras amables en mi oído: te gusta, princesa? te gusta que te acaricie, que te lama el cuerpo, que te bese como mereces? te gusta cariño? 

Entro en el chat, sexo, sexo, sexo. Las letras se incrustan en mis ojos, penetran mis venas, me giro, atenta, escucho sus ronquidos, sigue, no hay peligro, duerme, no temas, sigue. Y sigo: chat de sexo, me llamo NovataInfiel. No lo soy, no lo soy pero deseo serlo, necesito que me engañen, que me mientan, no me importa, mi vida está aquí, pero deseo que me hagan el amor, que me besen, que se preocupen de si me corro, de si me duele, de si me gusta, de si necesito más...

No paran de abrirme privados, no sé qué responder, ni si hacerlo: Hola, linda, qué buscas?; Follàs?; Putita, necesitas que te coma el coño?; Ola...!!!; Polla dura de 25?... me he equivocado, no lo deseo, no quiero esto, no quiero esto...

Pero entonces, no recuerdo exactamente, sigo en estado de shock, aparece uno que es una flor en un fangar: Hola, cómo estás? Hola una coma y cómo estás? No sólo puntúa la frase con una coma sinó que se preocupa por cómo estoy. No cierro, no cierro, quizás no esté todo perdido... Le respondo, estoy intranquila, no sé cómo andar cerrando al resto de privados, ni si contestarles con un 'no, gracias, te cierro, muy amable'. Se lo digo, le pregunto si quiere que le envíe mi correo y vayamos allí, tranquilos. Sí, me dice. Y le doy mi dirección. No es mía, me la creó Encarna: No seas tonta, me dijo, no expliques nada de ti. Cuanto menos, mejor. Tú solo quieres sexo, no? Pues hala, no hace falta saber mucho para eso. 

Se la doy. Me cuesta entrar en esa dirección. La falta de costumbre. 

No está, no entra, no me escribe, se la he dado mal?, ha dicho que sí para que me calle?, para quitárseme de encima?... si está claro que soy novata, y tonta, qué tonta soy... qué... no, no, no. Me ha escrito: hola, hola, hola... ese hola es música suave, dulce, es la amelie de mis ojos, es un helado de caramelo, ese hola es lo mejor que me ha pasado en las últimas semanas...

Estoy nerviosa. Pregunto. Hablo. Hablo. Pregunto. Me doy cuenta de que no sé nada. De que esto me viene grande. Me derrumbo. Él parece ilusionado. Será mentira. Llevamos media hora en el chat. Qué tonta, no sé qué decirle, y recuerdo todas las novelas de amor leídas, las películas de la tele, mis amigas, recuerdo las conversaciones que me cuentan las madres del cole con los amigos que tienen... ellas las llaman amigos, se ven a escondidas...

Oigo que se acerca. Le digo que tengo que cerrar. Le pido un relato erótico, si yo no sé escribir, tiemblo cuando me dice que yo también lo haga... pienso, se lo pediré a Esther. Sí, sí, ella sabrá hacerlo. Le contaré esta historia, tal cual, y ella lo hará. 

Me voy a la ducha. Hoy vamos a cenar a casa de su hermana. 

Me desnudo, meo, y al limpiarme noto que estoy mojada. No es solo orina, estoy mojada como hacía años. Miro el papel, diossssssss, qué me ha ocurrido?, a penas hemos hablado. Entro en la ducha sonriendo, recuerdo sus palabras, su buen trato al hablarme, y siento que deseo acariciarme. Me olvido de Luis, de Paula, de la imbécil de mi cuñada. Por qué no? No me lo merezco acaso? Por qué no? Me acaricio, me apoyo en las baldosas que ayer limpié por no morirme de asco en esta prisión. 

Empiezo por mis pechos, siento que su lengua los acaricia, que son sus manos las que aprietan mis pezones de botón, que se endurecen solo de pensarlo. Susu manos, que son una dos tres, sus manos que se multiplican, acarician mis muslos, mi cadera, mis piernas,... Sus dedos viajan desde mi boca, liándose con mi lengua en un baile salvaje, hasta mi coño, entran en mi vagina como jamás nadie ha penetrado en ella, mientras su polla, que son mis manos, frotan mis nalgas. Delante, detrás. Me giro y está. Delante, y está. Sigo apoyada en la baldosa. Mis piernas tiemblan mientras dirigo el chorro de agua fuertemente hasta mi clítoris. Dios, dios, cuánto hacía. Su polla en mi vientre, sus dedos en mi coño, mi culo en su boca. Todo se mezcla, mi mente baila, mi lengua busca, mis ojos giran en mis órbitas sin saber dónde dirigirse. Y yo apago un grito con mi mano, mientras me corro, mientras mi coño chorrea no solo agua tibia, mientras mi clítoris ha crecido llamándole, mis labios surgen por arte de magia unos sobre otros, y todo mi sexo se convierte en una montaña rusa de placer, de deseo, de miedo, de esperanza... sí, sí, sí, sí, síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

Cierro el grifo. Sonrío. Jamás me había masturbado en la ducha. 

Me seco, me seco mientras mi mente sigue viajando a ese momento, a la charla con él, a la ducha, al orgasmo triple que acabo de experimentar, mientras mi vagina, mi vulva va perdiendo tamaño hasta recompenerse a la realidad que debe vivir. 

Mientras me visto sonrío y pienso en cómo le explicaré todo esto a Esther para que ella me haga el relato y pode enviárselo al del chat. 

Y sigo sonriendo mientras pienso en mi cuñada y la imagino explicándome su puto y asqueroso viaje a Cádiz mientras soy capaz de contestarle: Hijadeputa yo me he corrido en la ducha tres veces pensando en un tipo que quiere sexo conmigo, y tú me vienes con una mierda de viaje a Cádiz, malfollada?

...


(Un petó a totes les Marilyns que fastiguejades del món, de la vida, de l'amor... van dir prou a la 'seva manera'... Per elles, perquè sempre queda una esperança, sempre!)



1 comentari:

  1. La soledad es un monstruo muy cabrón...

    (Pero sí: siempre hay esperanza).

    Un beso.

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