dimarts, 24 de gener de 2012

Vampiros Emocionales

- No puedo más! -me decía llorando, esta mañana, Esther- No puedo más, su negatividad me supera, su rabia conservada en formol, su mal humor agriado, su veneno en cada contestación, en cada nuevo comentario, y su ataque disfrazado de risa, de broma. De mentira.

- Escríbe, escribe lo que sientes, cómo te sientes, qué te provoca su actuación y cómo vives sus críticas constantes... pero no le entregues tus letras. Hazte a ti misma ese regalo. Tú necesitas la paz, no importa, ya no importa, qué él sepa, que entienda, que escuche. No importa. Importas tú, a ti, solo tú, ahora y por una vez en esta desequilibrada relación. Solo tú. Necesitas cerrar esa puerta, y cerrarla bien. Por ti, no por él, Esther, por ti.

A veces nos es imposible decir basta sin más, necesitamos que el otro sepa que hemos dicho basta, o ni siquiera eso, a veces somos incapaces de decir basta porque solo de esa manera sabríamos ya vivir la relación. Nos momificamos como víctimas porque dudamos de ser capaces de tomar otro papel en esta gran obra de teatro, o porque como figurantes mártires sabemos manejarnos perfectamente, tras años de ensayo real. Preferimos llorar a actuar. Quejarnos de nuestra mala suerte a tomar las riendas de nuestra vida. Descargar en los otros nuestros miedos para, libres de ellos durante unos instantes, pensar que por hoy, lo hemos intentado. Seguimos día tras día nuestro propio guión defendiéndolo a capa y espada aunque ya haya perdido la razón de ser, si alguna vez la tuvo. Y nos escondemos de nosotros mismos, pidiendo a gritos la sinceridad que jamás aceptaríamos (ni nuestra verdad somos capaces de afrontar!).

- Deshazte de la rabia, y después, deja que la puerta se cierre tras de ti...

Eso hizo, al rato, en mi bandeja de entrada aparecía su correo. Apenas cuatro lineas ponían fin a años de sentir que le robaban la energía, la ilusión, la esperanza:

Carlos, no importa que no me leas. No importa, sin embargo mi mente necesita no solo escribir, necesita entender qué no deseo y qué no voy a volver a permitir; saber que el respeto por mí crece por momentos y no vas a volver a minar mi camino con tus odios, tus rabias y envidias, y tus quejas constantes. No puedo más. No quiero poder más. Basta.

Sonreí mientras leía. Sí, se liberará de su vampiro emocional. Creo en ella, creo en mí que, hoy, soy ella.





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