dijous, 10 de març de 2011

Caótica Eternidad

Vida tras vida han conseguido ser uno. No, ser dos, pero sentir al unísono como si fueran uno.

Conocerse y reconocerse en cada etapa de la eternidad.

Y una vez más, esta vez al final del abecedario como punto medio, dar rienda suelta a su pasión. Su amor. Su necesidad y locura reconducida.

Con cada presente aprendiendo del pasado, en esa regresión sin fin que les ayuda a mejorar, a aprenderse: sabiendo, por primera vez, que estar de rodillas puede llegar a ser útil; o que se puede conseguir llegar al dos tras el uno; incluso que cuatro serían restados de haberse reconocido años atrás…

(¡Tanto conocen y reconocen en cada nuevo encuentro!)

Así que ante el nuevo adiós, necesario adiós, se sonríen, como en la foto irreconocible (a veces en linea recta, a veces como una gran curva).

Y agradecen todo aquello que poseen: ella a él, y él a ella. Todo.

(Te amo, le dijo antes de despedirse)

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