dijous, 24 de febrer de 2011

120 minutos para Nathan

No siempre dejo que suene el despertador. O no siempre mi cerebro atento permite que duerma hasta las 6.30 de la mañana (días laborables). A veces a las 6 ya me despierto y levanto.

Hoy sí, hoy he dormido profunda y felizmente. Como duermen dicen los limpios de conciencia. O de conciencia amplia, como es mi caso...

Las seis y media, suena la sintonía yoigodespertadora, la silencio y me incorporo. Directa al baño. Siempre el mismo orden: meo -mucho, porque mucho bebo por la dieta, me desnudo y subo a la a veces amiga, a veces enemiga, báscula. Sonrío y memorizo, cada mañana paso el parte a Carolina, Imma y Montse, las compis de la secta dukan. Entro en la ducha, Miguel me puso, ex profeso, un termostato en el grifo para que no me quemara, como acostumbraba. Yo soy yo y mis problemas de lateralidad, bueno, y de memoria: Cariñoooooooo, el agua fría es la roja o la caliente!? (!Demasiado tarde, ya me he vuelto a quemar!). Ahora ya no, este fantástico marcador numérico me permite relajarme y retener y repetirme mi peso de esta mañana, al menos durante un par de minutos. Bajo el chorro de agua templada, caliente, fría, me enjabono el pelo, y lo aclaro, mecánicamente. Ahora es el turno del suavizante (acondicionador?). Me lo pongo y permito que actúe mientras, surtidadegel en mano, froto mi cuerpo. Todo él. Sin olvidarme de los pies, esos desconocidos tan a menudo en la ducha. La piedra pómez suele estar cerca y, bueno, tengo el certero presentimimento que los talones me lo agradecen. O a ella. Un poco de agua templada, y fría finalmente para aclarar el suavizante y los restos de gel en la piel. Toalla para la cabeza en plan turbante, y aceite para el cuerpo antes de secarme con la toalla.

Me visto, seco un poco más el cabello, y me voy a por el pan. Tres calles apenas, 70 céntimos para la de cuarto larga. Subo a pie los siete pisos (seis y el entresuelo). En casa de nuevo entrego el testigo al jefe que preparará los tres bocatas (para ellos). Me da tiempo de poner el lavavajillas en marcha, despertar por cuarta vez a Aina y vestir (mientras sigue durmiendo y se queja a partes iguales) a Jana en su propia cama. Empiezo a recoger nuestra habitación, hago la cama, voy a la de Aina y más de lo mismo. Entonces aviso a Miguel para que lleve a la peque al baño, a gritos, claro, como cada mañana. Tiene un humor insoportable esta hija, casi habitualmente, pero de buena mañana, más.

Les dents, Jana! La llet, Aina! Va, vinga, vinga, que ja són dos de vuit.

Miguel se ha bajado a tomar el café al bar unos minutos antes. Sí, como cada mañana.

Hasta aquí cada día igual, o practicamente igual. A veces más gritos, a veces menos.

Bajamos las tres, normalmente en el ascensor ya han discutido un par de veces (Aina se queja de lo mal vestida que va Jana, para ella; Jana se queja de... casi todo!). Dejo a la peque en el bar, él se encarga de llevarla al cole, besos a uno y a otra, y me voy con Aina al metro. Charlamos y reímos o la riño porque no vocaliza al hablar y ella porque no la entiendo a la primera, aunque sí siempre andamos fijándonos sin querer, o queriendo, en el resto de madrugadores metropolitanos (Has visto, me decía hoy riendo extrañada, somos las únicas que estamos en el andén sentadas, esperando el metro, todos están de pie...! Y sí, así era. Ambas hemos sonreído al comprobarlo).

Una parada y bajamos. Hoy salgo con ella a la calle. A veces no, a veces la acompaño hasta la puerta de salida (subiendo por las escaleras mientras ella lo hace por las mecánicas) y vuelvo al metro de nuevo. Ya en la calle, subimos Sibelius y giramos en Mallorca. Unos metros después nos despedimos con un beso (Tingues un bon dia, bonica. T'estimo). Ella sigue hasta el instituto y yo entro en una cafetería a tomar el primer café con leche del día.

- Un café amb llet desnatada en got, si us plau. I sacarina.

Con él me ponen en croissancito. Lo envuelvo en una servilleta y lo guardo con mimo para mi ángel, Marc.

A penas tres páginas de La Vanguardia después, pago, me ponen el sello en la targeta (diez sellos dan derecho a un café de regalo) y salgo. Voy caminando al trabajo. Ya que el tiempo no es algo que me sobre y los quilos sí hace tiempo que lo hago. O voy o vengo. Bueno, o voy o vuelvo. Algo así era!

No me pongo música, me encanta saborear esos 35/40 minutos absolutamente míos. Camino a buen paso. Conozco el camino, aunque no suelo repetir el recorrido. No me paro en los semáforos, hasta casi los controlo. O sin el casi. Bado. No sé la traducción, ni sé si la tiene, pero es algo así como: contemplo, miro y admiro, observo, retengo información, disfruto, pienso, medito, o nadeo mientras camino. Miro el móvil controlando el tiempo del que aún dispongo. Sí, he descubierto un Caracas apenas diez minutos antes de llegar al trabajo. Segundo café del dia.

- Bon dia, un tallat amb llet desnatada i sacarina, si us plau.

Es curiosa esta cafetería, estoy convencida que los empleados son amables por contrato: Bon dia, gràcies, adéu tingues un bon dia, bon dia, gràcies, adéu, bon dia. Así con todos y cada uno de los clientes que, en esos tres minutos o cuatro que permanezco allí, entran o salen.

Pago y salgo. No, no dejo propina. En ninguna de las dos cafeterías he dejado nada. A veces lo hago, pero raramente.

De nuevo en la calle llego a passeig Sant Joan, me encanta mirar el paisaje que se abre, cielo amanecido incluído, por entre l'Arc de Triomf. No, no me gusta mi ciudad, pero le tengo cariño, que no es poco.

La Ronda de Sant Pere, plaça Urquinaona, Via Laietana, Fontanella 6. Prueba nuevamente superada: las 8.30, ficho. Subo al tercer piso a pie. Mi día laboral empieza, pero no por ello mi vida personal acaba. Claro que eso ya daría, si fuera el caso, para otra entrada.

Un besazo, Nathan!

5 comentaris:

  1. Los 120 minutos eran para Nathan, pero espero que no te importe que también yo los haya recorrido contigo, uno a uno. Gracias por el paseo. Buenos días y muchos besos.

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  2. Qué alegría saber de ti y tus letras, querida Jo!
    Abrazos

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  3. Ilona, Medea... pues eso, que sí que son 120 minutos intensos. Como la vida, a menudo, y mi dolor de cabeza en estos momentos.

    :)

    Bon dia, dia!

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  4. Eskerrik asko, Núria. Maite zaitut.

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  5. Jo també t'estimo i reitero les gràcies, guapo!

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