dissabte, 11 de desembre de 2010

Mis lágrimas en tus dedos

Mis lágrimas en tus dedos

Desde el principio, los inicios, todo empezó… es la historia de unos encuentros y desencuentros digna del guión más inverosímil.

La vida nos fue llevando por el mismo camino.

Es increíble, me decía a mí misma, viviamos en la misma calle del mismo barrio, de pequeñas, sin saberlo. Y con los años, ambas, sin conocernos, marchamos de aquella zona para volar hacia donde un poeta cantaba aquello que de vez en cuando la vida nos besa en la boca.

Y los años van pasando.

Yo estudio, tú estudias: la misma carrera. Aún así; nada nos había unido, aún. Aún.

Recuerdo como si fuera ayer aquella reunión, ya madres, el mismo colegio y un único objetivo, la felicidad de su hijo, de mi hija. Tardes, a veces noches, y más tardes.

Seguimos juntas en aquel presente.

Con el tiempo supimos cuándo coincidimos por primera vez con nombres y quizás apellidos: Una pizzería, cada una a un lado de la barra. O de las mesas.

Una tarde, soy capaz de revivirlo como si hubiera sucedido ayer, ocho años atrás, un desagradable encuentro me hizo llorar. Lloré de tristeza, y rabia, y pena.

Ella solo me miró, me pidió que no llorara más, que esa situación no merecía mis lágrimas, alzó una mano y las secó: secó mis lágrimas. Nunca nadie, nadie nunca desde que tengo uso de razón, o edad para tenerla, ha secado mis lágrimas sin ser una metáfora.

Solo ella.

Solo por eso RSD será siempre alguien con espacio en mi corazón. Aunque nunca más vuelva a verla, a reírme, a contar y cantar.


(hablando de eternidades)


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