dimecres, 18 d’agost de 2010

Tu recuerdo

Hola, me dijo de manera atrevida entrando por la ventana abierta de par en par. Vengo a verte. Y a instalarme en tí otra vez.

Le miré de frente, sonriendo.

Mi reacción me sorpendió, cómo era capaz de sonreir al recuerdo de tanto dolor? Algo había cambiado: por fin me invadía la paz, la calma, la sabiduría de los años.

Puedes quedarte unos momentos, sí.

Se mostró extrañado, ¿unos momentos?, replicó, no, ya te he dicho que vengo a instalarme, a vencerte otra vez, a destrozarte este día de agosto, y los venideros. Como siempre, entrar ha sido bien sencillo, el hueco del ventanal me ha invitado a hacerlo.

Tenía razón, sí, ví el sol resplandecer a través de él, pero no pude dejar de reír...

No te esperaba, no era a tí a quien esperaba. No importa, siéntate, me gustará mirarte.

Y me planté, como él, en aquel último día, como mágica dueña del tiempo, y de la mente, de mi mente: una chispa de emoción acudió en el centro de mi pecho, pero ninguna lágrima enturbió ese instante, seguí sonriendo.

Estoy bien, feliz, me gusta que hayas decidido volver, pero tengo cosas en qué pensar, ahora. Debes irte.

Contrariado me dijo, quizas para ganar tiempo y volver a conquistar ese trozo de mi corazón que fue suyo:

Si te soy sincero fue uno de mis mejores momentos junto a tí...

Sí, también de los míos, me alegro de coincidir, pero no puedo dedicarte más tiempo.

Un beso, no, dos, y cierra la puerta al salir. Ajústala, únicamente.

La ventana continuaba abierta, permimtiendo que el sol llenara de vida, pura vida, aquella estancia.

Se levantó, sorprendido, mientras depositaba el café encima de la mesa, y se daba cuenta que ya no era el dueño en mi salón, aquel que fue suyo... desconcertado fue alejándose lentamente; busqué a pleno alma ese sol radiante de primera hora, fantásticamente cálido, solo cálido, y alegre como yo.

La sonrisa seguía en mis labios, mis ojos ya no le miraban, de nuevo empezaban a soñar...

2 comentaris:

  1. Eso, miradas, las justas para no olvidar lo que un día fue importante, pero siendo dueña de las puertas, de las sonrisas, de la luz que ojalá no deje de iluminarte y de hacerte sonreir.

    Fuerza Buf.

    Un beso, no, dos...

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  2. Sí, siendo dueñas absolutas de nuestra realidad (sin engañarnos, sin permitir, aunque en ocasiones lo necesitemos, que nos engañen).

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