dimarts, 29 de juny de 2010

Como un Témpano de Hielo - Ella (I)

No podía dormir. Hacía mucho calor, y estaba nerviosa, seguía nerviosa. La cama se había convertido en una maraña de sábanas calientes, sudadas, descolocadas. No. Era imposible dormir con esa temperatura. Pensó en darse una nueva ducha.

Buf, entonces quizá me desvelaré aún más, pensó.

La mente, viajera como siempre, la transportó apenas unos días atrás:

"La situación era casi cómica, ridícula. Él había dicho que era una de esas situaciones que era necesario vivir para entender, para no caer en la risa tonta, en la vergüenza que produce lo ajeno cuando no lo entendemos y lo tachamos de absurdo.

Así era.

Miles de quilómetros los separaban. Como siempre, como desde el primer día. Hacía calor, también, como ahora. Con la excusa de ir a buscar hielo salió de la casa. Los ladrones aprenden tácticas para no despertar sospechas, y los comedores compulsivos para hacerlo a escondidas; también los drogadictos. Y ella, por supuesto, había aprendido cómo ser natural, últimamente, incluso cuando el corazón le latía a cien por hora, o su sexo empezaba a llamarle a gritos.

Se sentó en el coche y esperó su llamada.

Empezaron hablando de tonterías. O casi. O no. Quizás eso era la sal del aliño. De esa ensalada necesaria para llegar a los postres.

Le explicó qué había ido a comprar: hielo.

Él, ahora ella lo sabe (cualquier cosa le hubiera servido para excitarse de nuevo) le susurró uno de sus deseos: añadirle hielo a ese momento!

Ella rió, rió con esa risa suave, erotizadamente suave que no fingía, sino que le surgía de las entrañas y más allá cuando imaginaba sus manos, sus labios, su piel, en contacto con ella. Cuando a punto del orgasmo pronunciaba su nombre...

Dime, conmigo y el hielo? - como un juego, esperando la respuesta correcta, necesitada, susurrada-

Sí, sí, si he de prescindir de algo que sea del hielo!

Vale.

Vale.

Sintió miles de agujas cruzando sus labios; la vagina mojada, a estas alturas, totalmente. Sabía que él también estaba excitado. Cruzó las piernas, empezó a perder el control sobre su sexo... su mente viajaba con él.

Dónde estás?

En el coche, como tú.

Mmmmmm...

No me pongas esa vocecilla, buf!

Vale, paro. Paro.

(pero no deseaba parar, deseaba que él, como ella, jadeara, ronroneara, se mordiera un poco, a penas, los labios deseando que ese momento, el real, llegara... lo antes posible)"



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2 comentaris:

  1. Ahora soy yo el que necesita hielo. LLama usted al camarero ese amigo suyo?.

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  2. Jajajaja!

    Lástima que la continuación sea en catalán y allí de donde son ciertos anónimos no llegue el idioma polaco.

    Cachis!

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