dilluns, 4 de gener de 2010

La Por

Alguien le dijo que volvía después de unos años de excedencia. Era periodista y, por lo visto, se le había acabado el contrato, o las ideas, o la ilusión…con el tiempo supo que lo que se había acabado era el amor.

Enseguida conectaron, esa química que parece unir (o desunir) almas. O mentes. A veces, incluso cuerpos. Se sentía a gusto a su lado, conversaban sobre libros, películas, sobre lo divino y lo humano. Se reían. Básico, para ella.

Ella se casaba, sí. Una boda discreta, tranquila, íntima. Él, junto con otros compañeros bajó hasta el registro.

Trabajaban en equipo, las carencias de uno, las suplía con creces la otra, y al revés. Sí, un buen equipo laboral, mesa con mesa, risa con risa. Hasta un día, aún lo recuerda, y de eso hace ya 14 años, a él se le nubló la vista y se encerró en sus miedos. Enseguida se dio cuenta. Pasaban los días y la relación se enfriaba. Hasta que ella se hartó, quizás fue demasiado impulsiva al preguntar pero lo vio tan claro!!! Te has enamorado de mí? Sí. No puedo dejar de pensar en ningún momento, incluso sueño contigo. Lo siento, lo siento, siento haberte confundido. No importa, lo superaré. Estaban en la terraza de un bar un caluroso día de agosto. Ella empezaba vacaciones y aún puede oír las últimas palabras que él le dijo: Cuídate, Esther. Sí, serían las últimas palabras en diez años, diez largos años.

El silencio se hizo abismo. Ella tuvo dos hijos, cambió de departamento, siguió observándolo, pero ni una palabra más. Ni una en diez largos años.

Falleció su madre y ella se acercó: lo lamento, sé lo unidos que estabais. Gracias, Esther. Sus primeras palabras tras un lapsus absurdo de años. Es un sinsentido, pensó, sigo viendo en sus ojos el deseo, el amor, la necesidad…y así era. Diez años de silencio no habían hecho que la olvidara. No la amaba, era una obsesión, su obsesión. Y eso la ilusionaba, y a la vez temía ese sentimiento que, sin pretenderlo, era capaz de provocar en él.

Reanudaron la relación, hasta que él volvió a gritarle que no podía más, que deseaba que ella abandonara su mente, que su imagen era la pantalla que día a día ocupaba sus pensamientos…no lo soportaba. Y se volvió a producir el silencio.

Comparten trabajo sin mirarse a los ojos, él no es capaz. Catorce años después sabe que sigue dominando su corazón, pero también sabe que no es amor. Y sí, algunos días, cuando lee de otra muerte por amor, por tanto amor, tiene miedo, mucho miedo.



"Aquesta nit serem lliures, i trencarem totes les promeses"

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