dilluns, 7 de desembre de 2009

El Cuaderno Rojo - Paul Auster







“Sí, Paul, ya ve, apenas cerré su novela, su breve novela coincidente, cuando enfoqué mis ojos a la tele que en esos momentos había en la sala: mi familia había decidido que no pudiera leer en silencio, que sus risas, sus gritos, y los destellos de voz y luz del televisor, me acompañaran nuevamente en mi búsqueda, en mi lectura, quería decir.

Entonces ví a su hija Sofía... escribimos el capítulo 14?”

Buf, levantó la vista mientras cerraba el libro. Siempre, su vida, su día a día, se había caracterizado, como la de este autor que apenas había empezado a conocer, por una suma de coincidencias, y ahora, sin apenas darle tiempo a repasar mentalmente las últimas letras, la pantalla hablaba de Sofía, la hija de Paul...bla, bla, bla...no entendía qué decían, pero sabía que le hablaban a ella, para que, de nuevo, supiera que la rueda seguía girando, que no había dejado de hacerlo...ni jamás lo haría.

Los tres días de montaña llegaban a su fin, y la vuelta a casa la hicieron en silencio. Casi sin nada ya que decir. Él se tomó un analgésico y enseguida se fue a dormir, apenas las tres de la tarde. Las niñas empezaron su vicio preferido, tele, peleas, peleas, tele y algún "mama" en una demanda de satisfacción urgente e inmediata. Buf decidió arreglar el cajón de las fotos. Hacía años que no se atrevía con él. Ya su primo había muerto, sus amigas de toda la vida habían decidido el adiós, y otros personajillos comparsa, que no debieron nunca formar parte del espectáculo, campaban a sus anchas por las fotos de colores ya apagados.

Entoces, decenas de imágenes en que ambos se miraban a los ojos, y se sonreían, y se comían con las manos, la mente y el corazón, temblaron entre sus dedos. Tomaron vida de nuevo. Una, otra, otra...recuerdos que atravesaban un presente que ella, en estos días se había decidido a romper.

Alguna vez nos miramos con pasión? se preguntaba ayer mismo, y esa foto acudía a su mano, cual carta que el mago decide hacer regresar.

Alguna vez me acarició por el hecho de hacerlo, sin esperar nada más? y otra figura, de unos pocos años atrás le daba la bienvenida...

Alguna vez nos quisimos con locura, deseando morir si no podíamos estar juntos? ...y una lejana dedicatoria en una foto pequeña hablaba de amor, deseo: siempre, presente, pasado y futuro, te quiero, te quiero...

Ya ve, Paul, sí, claro que creo en las coincidencias, en la casualidad...en el punto exacto de partida y llegada.

Gracias,

Buf!


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